La ardua batalla de una mujer decidida a bajar de peso. Los distintos intentos y las sistemáticas recaídas, hasta el click que marcó la definitiva recuperación.

Después de años de dietas, la práctica de ejercicios orientales y visitas a doctores de todo tipo, Gabriela Grossman (*) logró vencer el sobrepeso que trajo el correr del tiempo. Hoy, con 54 años, dice que volvió a ser ella misma. Una lucha larga y trabajosa, pero, sin lugar a dudas, con final feliz. Y ella lo cuenta así: "En la secundaria tenía un cuerpo proporcionado, pero robusto. Era aficionada al deporte y le dedicaba mucho tiempo al entrenamiento de softball, salto en largo y atletismo". Recuerda que su lucha contra el sobrepeso comenzó el entrar a la facultad. Asume que era "de buen comer y moría por los dulces, una combinación peligrosa por mi tendencia a engordar. Decidí, entonces, empezar a tomar pastillas para controlar el peso. Muchos de mis compañeros varones tomaban las mismas para no dormirse cuando preparaban las entregas de arquitectura. En ese momento tenía veinte y tantos. Un doctor me daba las recetas".

Cuando terminó la carrera -ya trabajaba en una editorial- conoció a una médica que le recomendó otras pastillas, junto con unas ampollas para la celulitis. "Yo pensé que debía ser lo mismo que ya estaba tomando. El tiempo trajo el casamiento y después los hijos. Con cada embarazo engordé 30 kilos, tenía la presión alta y parecía que iba a salir rodando. Me comía todo y un poco más".
Hasta que "una noche, con mi hijo menor de más de un año, y a causa de un malestar, decidí llamar a un médico a domicilio.

Después de preguntarme los síntomas y diagnosticarme, me preguntó si tomaba alguna medicación. Al ver mis pastillas me dijo que tirara todo eso al inodoro, era una mezcla malísima para ser ingerida. Hoy no necesito ningún complemento de ese tipo. De todos modos, tengo muy en claro que las pastillas para adelgazar no volverán a ser un recurso para mí. Prefiero estar gorda, que flaca con medicación".

Métodos alternativos

En 1998, un problema de picazón en los talones llevó a Gabriela a conocer el Chi Kung, una técnica oriental que trabaja la energía a través de la respiración. "Mi ex marido, que practicaba la disciplina con un amigo, me presentó a su maestro: Ernesto, un médico oriental y holístico de origen cubano. Él me dijo que la fuerte molestia en mis pies se debía a un problema en el bazo, y, mediante técnicas orientales, me lo estabilizó. Desde entonces, y durante dos años y medio, la práctica del Chi Kung me llevó a vivir uno de mis mejores momentos físicos: mi cuerpo se volvió de pura fibra. Además de oficiar de entrenador, Ernesto se encargaba de revisar mi heladera cada vez que venía a casa. Si había mucha carne me retaba. Fue él quien, en aquel entonces me recomendó la antidieta. Yo ya la había hecho en el '90, pero cuando él me la recordó, volví a ella. Se trata de una forma de alimentación que prioriza las combinaciones de distintos tipos de alimentos, y se adecúa a ciertos horarios. Me resultó genial. Lo bueno es que, cuando la hacía, comía toda la familia lo mismo. Además, a la noche no comíamos carne, entonces nos íbamos a dormir todos más livianos. De todos modos, sin motivo aparente, el gran entusiasmo con el que la empecé comenzó a diluirse hasta que la abandoné por completo".

Profesionales poco serios

Un nutricionista sale a escena en la historia de Gabriela y hace que su heladera se vuelva verde. "Miraba la heladera y salía para el supermercado a comprar queso light, sopa light, gelatina light. Pero esto no me simpatizaba demasiado. Creo que ese tipo de dietas no están buenas y menos cuando uno tiene hijos chicos porque ellos creen que esa es la alimentación sana, cuando en realidad tienen que aprender a comer frutas y vegetales desde siempre, no pensar que tiene que consumir productos light para no estar gordos".

En 2004, abrió las puertas de D Restó, "un proyecto gastronómico que llevo a cabo junto a mi hija Carla. En ese momento estaba fantástica. Lo empecé con 65 kilos, pero a los pocos años ya estaba en 79. ¡Una locura! Mi gran problema es la facilidad que tengo para engordar: puedo llegar a subir cinco kilos en una semana. Esto sumado a la falta de tiempo para ir al gimnasio, y a las interminables degustaciones de platos para el restorán, hizo que mi peso aumentara". Entonces cambió el enfoque y se volcó hacia la homeopatía. "Intenté con dos médicos que, en realidad, de homeopáticos no tenían nada. Yo hice homeopatía posteriormente, y lo único que se recetan son glóbulos o gotas. Estos te daban pastillas. Por lo general, una nunca le pregunta al doctor por su título. Una no cuestiona, porque lo único que quiere es que le den una solución. Y si es rápida y sin esfuerzo, mejor.

El click

Después de tantos intentos fallidos, Gabriela aceptó convivir con sus kilos de más. Pero sus amigas la instaban a bajar de peso. Ella las escuchaba en silencio. "En el fondo sabía que tenían razón, pero todavía no había llegado mi momento. La cuestión es que, más allá de cualquier desinterés por la imagen externa, el sobrepeso conlleva, frecuentemente, varios problemas de salud. En mi caso fueron el colesterol alto e hipertensión arterial, por lo que debía tomar medicación y asistir a controles periódicos. No es bueno vivir sin conciencia de esto. Por eso, el día en que decidí que era hora de cambiar, lo hice pensando en lo mejor para mi salud".

A fines de noviembre del año pasado, Gabriela decidió terminar con el problema de tantos años. Había hecho ese click que sólo uno escucha, el click que a uno lo hace reaccionar. Revisando la cartilla de la prepaga, me encontré con Ricardo Muzzio, mi actual nutricionista, que además se especializa en endocrinología y estética. Él me pesó y me dijo que tenía que bajar aproximadamente 20 kilos. Yo lo miraba atónita. Sabía que tenía razón, pero estaba bastante descreída. También me dijo que esa era una fecha nada conveniente para empezar una dieta, debido a la proximidad de las fiestas. Pero a mí no me importó: el click es una toma de conciencia que te dice que es aquí, ahora y de esta manera".
Y prosigue: "Creo que llevar adelante una dieta, es tomarse un trabajo para tomar en serio. Como en mí no había más que convicción y seguridad, me dediqué firmemente a seguir las indicaciones del doctor. Navidad y Año nuevo no fueron una complicación: tenía permitidos pescados y vegetales, un poco de helado y media copa de champagne, pero al final terminé comiendo menos. Para ese entonces, ya había bajado siete kilos y esto se notaba en mi figura. Mis amigos me decían que estaba bárbara, y eso me llenaba de alegría. Realmente se me veía mejor. Me sentía mejor".

Simultáneamente con la dieta, el médico le aconsejó comenzar a hacer actividad física programada, algo que ella tenía muy olvidado. "Hoy hago Pilates, spinning y stretching, además de una rutina general. El ejercicio es el complemento necesario e indispensable para cualquier dieta. Además, me recomendó hacer un tratamiento de radiofrecuencia. Es maravilloso. Antes tenía los brazos muy poceados, pero ahora son brazos normales". Con los meses los kilos de más fueron desapareciendo. "Hoy, me mantengo muy cerca de mi peso ideal. Logré bajar casi veinte kilos en cuatro meses y adopté la dieta como nueva forma de alimentación sana. Los problemas de presión y colesterol desaparecieron de forma natural, y mis amigas no se cansan de comentar lo bien que me ven. Uno cambia la actitud, definitivamente".

"Ahora estoy convencida: hay que dejar la vergüenza de lado y entender que uno no es el raro por comer frutas y verduras, es el conciente. Después de tantos años de esfuerzo, finalmente me siento feliz. Me reencontré conmigo misma, y con el cuerpo que había perdido y que ya no pienso descuidar".


(*) Gabriela Grossman, la mujer que protagoniza esta historia de lucha contra la obesidad cumplió 54 años el 20 de julio. Nació en el barrio porteño de Devoto, y en la actualidad vive en la localidad de Martínez. Tiene dos hijos: Carla de 25 años y Enrico de 22. Estudió arquitectura y publicidad. Durante algunos años, encabezó un proyecto gastrononímico (el mencionado D Resto), y actualmente trabaja como asesora de prensa e imagen corporativa.